According to Francesco Tonucci, cities have been designed to suit an specific profile of people: an adult, male and worker. With «The City of Children» he proposes to give the public space back to the people, specifically to the children. Tonucci explains in this interview how we should recognize children and young people as citizens since the beginning, listenig and respecting their opinion, and in the end, transforming it into politics.

La privatización del espacio público

El espacio que la ciudad ofrece hoy a los niños no es bueno. Estos espacios no tienen nada que ver con el juego. Son espacios fruto de un pacto electoral entre administradores y votantes. Los administradores dicen «Vótame porque yo estoy pensando en tus hijos. Mira qué espacios estoy preparando para ellos» y los votantes piensan lo mismo, «Qué buen alcalde que tengo que ha hecho tantos espacios públicos para niños«.

Esto es una forma para marginar a los niños para no tenerlos en el medio. Todas las veces que se hacen espacios separados y especializados hay que dudar. Las mujeres ya lo saben. Las mujeres en la antigua Roma aquí hace 1000 años tenían en el gineceo dónde las mujeres estaban escondidas en la casa. No deberían aparecer. No era una forma de privilegio, era una forma de exclusión.

El espacio público también ha desaparecido. Si miramos de la ventana aquí, esta calle, muy larga, está llena de coches. Es decir, los medios privados están privatizando el espacio público. Hay estudios que dicen que más de él 70% y 80% del espacio público en una ciudad italiana está privatizado por la presencia de medios privados en aparcamiento o en movimiento. Esto significa que una minoría de gente se apropia del espacio público y la mayoría de la gente está sin espacio público.

«Las ciudades se han diseñado a medida de un adulto, varón, trabajador»

Nuestra propuesta de la «Ciudad de los Niños» es una elección política muy clara. Se basa en devolver el espacio público a la gente. Hay que sacar los coches, no hay más remedio. Aprovechar el espacio público es uno de los derechos de ciudadanía.

Pontevedra por ejemplo, es una ciudad que ha desarrollado mucho este tema. Su alcalde dice qué el derecho al espacio público vale tanto como el derecho a la salud y a la instrucción, solo que mientras estos dos dependen de muchas entidades estatales y regionales, el espacio público solo depende de la administración local, con lo cual o lo hace el gabinete del alcalde o nadie.

Por lo cual el espacio de juego debe ser un espacio elegido qué debe cambiar cada vez que cambia el juego y debe ampliarse cuándo cambian las necesidades o los deseos de los niños. No podemos decidirlo antes. Y claro, la primera condición que cite,  la autonomía, decide las otras dos. Si un niño sale solo de casa va donde quiere dentro de unos limites que hemos dicho.

El proyecto de La Ciudad de los Niños nace en el 91 con este objetivo primero de que los niños puedan salir de casa sin adultos. Esto es lo primero que yo pedí al alcalde de Fano cuando propuse este proyecto.

La ciudad está en esta condición mala, en esta situación peligrosa a nivel ambiental social, político, económico. Tenemos que reconocer que lo hemos hecho mal. Los adultos que han tenido todo el poder para ellos lo han manejado mal. Greta Thunberg lo está denunciando muy bien, muy fuerte y los niños siempre lo reconocen como una situación inaceptable. La crisis siempre tiene potencialidades. Después de un terremoto, la desgracia de la destrucción, pero la ventaja de la reconstrucción pueden aprovecharse para hacerlo mejor.

Las ciudades se reconstruyeron después de la Segunda Guerra Mundial a medida de alguien, no a medida de todos, por razones que no conozco, no soy experto de Urbanismo, ni sociología. Se reconstruyeron a medida de un adulto, varón, trabajador. Esto fue lo que condiciona los proyectos. Nacieron las periferias, los transportes urbanos y todo esto se ha hecho a medida de los horarios de trabajo de este personaje, privilegiando a este personaje.

Se privilegió su juguete preferido: el coche. Y todo esto ha creado ciudades prácticamente dominadas por los coches en lugar de las personas. Una ciudad pensada para un adulto, varón, trabajador, se olvida de los que no son adultos, varones y trabajadores, qué es la mayoría de la población, que se queda al margen hasta desaparecer.

«Aumentar la autonomía de los niños también beneficia a los adultos»

Si salimos no encontraremos niños que se mueven solos, adultos ancianos muy ancianos. No encontraremos minusválidos y claro las mujeres han sabido reaccionar por su cuenta y han recuperado mucho de esta desventaja.

Asumir al niño como parámetro de evaluación y cambio de la ciudad no es una propuesta educativa. No se refiere a los niños. Es una propuesta política que se refiere a la ciudad, la Ciudad de los Niños. El acento lo pone sobre la palabra «ciudad» y no sobre niño. Los niños son instrumentos para llegar al cambio. Es un proyecto incómodo porque mira el cambio y los cambios cuestan y los cambios que los niños piden cuestan mucho.

Hoy en día estamos asistiendo a otro conflicto raro que yo no registraba hace unas decenas de años. Es el conflicto entre los niños y sus propios padres. ¿Por qué digo esto? Porque los niños están pidiendo más libertad, más autonomía. Que los dejen y se lo piden a las autoridades, a los directores de la escuela, a los alcaldes. A las mismas autoridades los padres de estos niños piden más control, más vigilancia, más seguridad.

Son dos peticiones conflictivas entre ellas y los adultos tienen que elegir con quién estar. Es interesante notar que si eligen estar con los adultos como ocurre casi siempre, por qué los adultos tienen derechos, los adultos votan, seguro que se ponen en contra de los niños. Porque claro, escuchando la petición de los adultos, aumentan los controles, las limitaciones y aumentando las limitaciones se reduce aún más la autonomía de los niños.

Lo que me da alegría es pensar que si hacemos el contrario y nos ponemos a favor de los niños, no estamos en contra de los adultos. Si aumenta la autonomía de los niños, también beneficia a los adultos. Si los niños no van a la escuela, solo los adultos no tienen que asumir este papel, con lo cual… Pero repito cuesta. Por esto yo creo que no son muchas las ciudades que se adhieren a este proyecto. Y dentro de las que se adhieren, no muchas son las que desarrollan coherentemente el proyecto.

La Ciudad de los Niños

El proyecto se mueve sobre dos ejes principales.

Por un lado, la Convención de los Derechos del Niño. La Convención tiene como dos almas. Una más natural, más previsible, qué es el alma de la protección de la infancia. Casi toda la Convención se dedica a esto, a reconocer a los niños el derecho a vivir, a la salud, a no ser explotados sexualmente ni laboralmente y en la guerra.

La segunda alma es el alma de la ciudadanía. La Convención hace una revolución jurídica desde el 89. Hay gente que dice que los niños son los «futuros ciudadanos». Esto es un error equivocado. No se debería decir y lo sigo escuchando. Porque la Convención reconoce a los niños como ciudadanos desde el principio. Claro que esto les da algunos derechos que son las bases de las propuestas que nosotros hacemos.

Uno de estos derechos es el artículo 12, qué es impresionante porque dice que los niños tienen derecho a expresar su opinión cada vez que se tomen decisiones que los afectan. Y sigue diciendo que «hay que tener en cuenta las opiniones de los niños».

Vale la pena reflexionar sobre el hecho de que los adultos no tenemos este derecho. Los que nos administran, los alcaldes de nuestras ciudades, no tienen la obligación de consultarnos cada vez que tomen decisiones. No sería posible. Sí ya hacen poco, no harían nada. Pero a los niños se lo prometemos. Una promesa impresionante y una mentira total. Por eso nosotros proponemos un consejo de niños, que no es una petición de los niños, que como todos los ciudadanos pueden pedir ser escuchados, si no que es al contrario. Es el alcalde el que pide a los niños su punto de vista porque necesita ayuda.

«El objetivo último es transformar las palabras de los niños en política»

Para ser adultos parece que tenemos que olvidarnos de la niñez. Por lo cual el alcalde dice «bueno, yo tengo muchos colaboradores pero todos tienen un defecto son adultos. Necesito que los niños me ayuden». Los niños pequeños de primaria tienen un pensamiento bastante distinto del nuestro. El consejo de niños va a llegar a ser una oposición para el alcalde más que una asesoría. Pero él lo pide y se compromete a escucharlos y a tener en cuenta lo que proponen.

El objetivo último debería ser la capacidad del adulto, del político, de transformar las palabras de los niños en política, porque esto solo él puede hacerlo. Los niños proponen cositas pero que salen de su mundo pequeño, de su mundo conocido. El adulto que lo valora lo asume y lo transforma en proyecto político. Este es un proceso muy complicado y muy interesante.

Es difícil que salgan las ideas de parte de los niños porque los niños tampoco confían en su pensamiento. Porqué todo el proceso educativo les ayuda a entender lo que piensan. Ellos no valen nada. Si quieren valer tienen que acercarse lo más rápido posible al pensamiento adulto. Por lo cual llegar a ese pensamiento, los niños necesitan formación de parte de los operadores que trabajan con los consejos de niños.

La escuela, un gimnasio de la democracia

En la escuela consejos de alumnos con representantes de todos los niveles participan con la dirección de la escuela en el gobierno de la escuela. No estamos hablando que los niños digan lo que quieren hacer en el descanso o propuestas de la comida a la escuela. Tienen que participar en el gobierno de la escuela porque puede mejorar mucho escuchando a los niños y seguro que va a mejorar la relación entre la escuela y los niños, para que los alumnos sientan la escuela como su escuela.

No creo conocer estas escuelas democráticas. Conozco escuelas cooperativas de profesores que tienen consejos de niños y claro que están muy cerca de lo que estamos proponiendo, es decir todo lo que es democrático, es decir la escuela debería ser una experiencia democrática, un gimnasio de democracia, porque toda la experiencia democrática que podamos crear será bienvenida.

Cuando me dicen pero dar todo este poder a los niños puede educarlos mal, nunca encontré niños presuntuosos porque estaban en un consejo, siempre he encontrado niños responsables. Por ejemplo en nuestra propuesta, los niños salen elegidos en el Consejo no por elecciones democráticas sino por sorteo, es decir, es por casualidad que les toca a los niños. Saben que no tienen méritos para estar allí, tienen que merecerlo y funciona, funciona muy bien. Tanto que me hace pensar que aplicarlo a nuestro mundo adulto de la política probablemente no estaría mal.

Volviendo al origen de la democracia, en Grecia los cargos públicos eran por sorteo, sorteo dentro de un grupo reducido de personas qué era la parte más alta de la sociedad, pero era sorteo. Este sorteo no es un invento.

Lo mismo que proponemos para la escuela lo proponemos para hospitales pediátricos donde los niños pasan mucho tiempo. Por ejemplo en el departamento de oncología pediátrica. Y allí también sería muy interesante la participación de los niños en la gestión del hospital. No tengo dudas de que así como en la escuela tendría un valor pedagógico, aquí tendría un valor terapéutico.

El otro sentido del cual ya hablé bastante es el tema de la autonomía. Es decir que es una forma de participación. Los niños deberían participar en la vida de la ciudad con su presencia por un lado, con sus opiniones por otro lado.

«La seguridad no se consigue con policía, se consigue con la presencia de gente en la calle»

Con su presencia, esto ya lo decía antes, a cambio de esta confianza los niños nos regalarán mucha belleza, porque una ciudad con niños es bella: salud y seguridad y gratis.

La seguridad no se consigue ni con policía, ni con cámaras de vídeo. Se consigue con la presencia de gente. Dónde hay gente un delincuente se encuentra mal. Y dónde hay niños peor. Tenemos datos bastante impresionantes que dicen que, por ejemplo, los niños que van a la escuela caminando, tienen un nivel de atención más alto que los que van en coche con los padres. Muchos de los que se consideran falta de atención son simplemente, que los niños llegan a la escuela dormidos, se despiertan en el pupitre y necesitan tiempo para enterarse de lo que va ocurriendo. Y los maestros no lo interpretan como una falta de atención, lo cual no es verdad.

Y claro, llegar a la escuela jugando en la calle con los compañeros, intercambiando opiniones, uno llega a la escuela espabilado y listo para empezar un trabajo. Así como seguro que beneficia al cuerpo todo el tema de la obesidad infantil. El sobrepeso infantil es una alarma pediátrica muy fuerte y los pediatras comparten que los niños necesitan moverse y posiblemente solos para descargar las energías.

Es interesante notar que las dos propuestas son cruzadas. La participación de los niños a nivel político con los consejos es una propuesta muy novedosa. El hecho de que las mujeres participen en la vida política de nuestros países con el voto data de hace menos de un siglo, quién podía pensar… Que los niños podían participar a la gestión política de una ciudad es una propuesta nueva. Es fácil hacerlo, pero es muy difícil hacerlo bien.

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I am a telecommunications engineer, teacher in innovative education and freelance filmmaker questioning not the "Why?" but the "Why not?" in every aspect of life. Since 2017 I travel the world looking for stories worth telling.

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